Era muy temprano, aun soplaba el viento en las calles, llevandose los restos de basura de la noche anterior, en eso pensaba cuando mi cuerpo enarcado por el frío demostraba que no podía mentir, tenía un poco aturdidas las manos por el frío del tubo metalico del pasamanos, y aunque estaba a varios metros debajo del suelo, en ese vagon de metro, escuchando centenares de voces y pláticas, en una de esas veces en que estoy en una soledad masificada que pocos lugares como esta fetida ciudad te hacen sentir, en especial aca donde el espacio vital que tantos reclaman, simplemente termina por desaparecer, por dejar de ser y de tener razón.
Allí enclaustrado, con cientos de olores que invaden mi de por si sensible nariz, trate de entender al mundo, pero se que el y yo no nos tenemos ni el menor respeto, yo no creo en el, así que no espero el crea en mi.
Mas tarde que temprano subí las escaleras del metro hacia la salida de la estación, así como aladino salía de la caverna donde estaba el tesoro, solo que salía no de un lugar lleno de joyas y riquezas, sino mas bien de algo totalmente contrario.
Cuando ya me acercaba al final, una luz brillante llegó a mis ojos, era cálida, haciendo un alto contraste con lo que senti al llegar a la sombra de un arbol, un frío sordo e indipido me cubrió, en un moemento me sentí rodeado por el olor a dulces y a frituras medio horneadas, y es que en un bosque nunca esperas encontrar eso.
Wednesday, March 21, 2007
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