-¿usted es Hans Dietrich?
-Si teniente; de la sexta división de infantería- contesto el soldado apeado a una pared desvencijada-
Tenía un aire de jefe y se veía reacio y endurecido por la batalla, a su lado estaban un grupo de soldados recostados entre los guijarros del edificio
-Muy bien sargento acompáñeme –dijo el oficial-
Caminaron por la antes ancha avenida, ahora reducida a una pequeña vereda entre toneladas de escombros de la ya derruida ciudad de Stalingrado, donde ya llevaban varios meses en duros combates con el ejercito rojo que se negaba a ceder terreno sin cobrarse una larga cota de sangre germana. Luego de seguirle el paso a ese cerdo pesado del oficial este le dijo.
-Si teniente; de la sexta división de infantería- contesto el soldado apeado a una pared desvencijada-
Tenía un aire de jefe y se veía reacio y endurecido por la batalla, a su lado estaban un grupo de soldados recostados entre los guijarros del edificio
-Muy bien sargento acompáñeme –dijo el oficial-
Caminaron por la antes ancha avenida, ahora reducida a una pequeña vereda entre toneladas de escombros de la ya derruida ciudad de Stalingrado, donde ya llevaban varios meses en duros combates con el ejercito rojo que se negaba a ceder terreno sin cobrarse una larga cota de sangre germana. Luego de seguirle el paso a ese cerdo pesado del oficial este le dijo.
-Usted y su unidad se dirigirán hacia el ala izquierda, la zona del elevador para ser exactos, la posición rusa aún sigue resistiendo ahí-
- Muy bien preparare a mis hombres-
Llegaron a un puesto de mando de la wermacht, en uno de los pocos caserones que aún se mantenían en pie en esta porquería de ciudad. En la entrada estaban unos guardias de tipo escolta, era de uno de esos oficialetes de hojaldra que se las daban de grandes estrategas pero que en su mierda vida habían estado ante un soldado enemigo, Hans recibió sus saludos y al entrar hizo lo mismo con el comandante de su división.
-Adelante Dietrich –dijo el comandante alemán-
Su centro de mando lucia impecable, cual cuarto de señorita de colegio de monjas, todo bien ordenadito, con una puta madre, que si no era porque los rusos estaban tan cerca como para olerles el trasero, hubiera jurado que estábamos en una oficina de las de cualquier centro militar de Berlín, pero no era eso lo que importaba a Hans, como tampoco lo que le fueran a ordenar, que ya de antemano el oficial ya se la había cantado.
-Como ya sabrá los ruskis se niegan a ceder su posición en la zona del elevador, y es de vital importancia que nos hagamos de ese sector si queremos seguir con la ofensiva- dijo el comandante-
-Estoy al tanto de esa situación- contesto Hans-
-Pues bien Dietrich, usted y su unidad estarán en el ataque de mañana
Observando el plano de su pulcra mesita Hans vio la idea que el cerdo tenía de cómo sería la batalla, se dio cuenta de lo expuesta que estaría su unidad, pero era algo a lo que se había acostumbrado desde hacia unos meses atrás, luego de iniciar esta batalla de casa por casa.
-Serán apoyados por algunas unidades blindadas, y el bombardeo de los stuka, su tarea principal es la de desalojar a los ruskis después del ataque blindado y del bombardeo, así que vaya con sus hombres y estén listos, el ataque iniciara a las 8:45 am.
-Con su permiso me retiro señor-
-Hasta entonces sargento-
Hans y el oficial salieron del puesto de mando y cada cual se fue por su lado, Hans se dirigió lo más rápido que pudo al derruido edificio donde descansaba con su unidad, al llegar se encontró con Otto y Paúl sus lugartenientes
- Otto, Paúl, reúnan a los demás-
-Y ahora que sucede sargento, tratamos de descansar un poco- contesto Paúl-
Otto era de mediana estatura, la guerra y sus lentes lo hacia ver más viejo de lo que era, tan solo apenas hacia unos día había cumplido los veinticinco años, pero Paúl era en verdad muy alto, casi como un hombre de las nieves, que era en realidad su apodo entre sus compañeros.
-Vamos a atacar mañana temprano una posición rusa al sur-dijo Hans-
-¿Acaso es la zona del elevador?-pregunto Otto-
-Así es, ese es nuestro objetivo-
-Vaya, que si nos quieren- dijo Otto molesto por la orden, de inmediato se puso de pie-
-Ordenes son ordenes muchachos, y no nos toca cuestionarlas- les recalco Hans
-Como quiera que sea, de todos modos lo haremos- Otto lo quedo viendo y luego se dirigió a la puerta posterior- iré por los muchachos, están en la otra habitación.
-Necesitaremos más municiones y armas de calibre más pesado, Paúl, lleva a algunos hombres y trae municiones, una o dos MG42 y si te lo autorizan un Panzerschreck, ah... y no te olvides de traer suficientes granadas.
-De acuerdo Hans-
En medio de esta guerra ellos habían aprendido el sentido de la amistad, al tener que estar constantemente cuidándose las espaldas mutuamente; surgió entre ellos algo más que una camaradería, que los hacía ser distintos a cualquier unidad de combate, ellos no eran nazis, sabían la importancia de los ideales del hombre y de lo maldad que acarreaba la guerra, y aunque era un ideal general en la unidad, el hecho de ser militares antes de la guerra los arrastro hasta estas alturas insospechadas para ellos antes de la locura de Hitler, mas sin embargo, ellos siempre que podían ayudaban a quien ellos podían.
Paul bajo con seis hombres y se encaminaron hacia el puesto de municiones y la armería. Horas más tarde todos descansaban, en una mezcla de cansancio y éxtasis por la próxima batalla. A las seis de la mañana todos se preparaban para iniciar su avance, a las siete treinta llegaron al punto de enlace de donde partiría el ataque.
-Muy bien, escuchen este elevador tiene que caer este mismo día, la razón es muy obvia, sino lo tomamos rápidamente, tendremos una batalla más larga, los rusos reforzaran este puesto con más hombres haciéndonos más difícil el avance. La hora se acerca, hay que estar atentos y cuidarnos mutuamente, recuerden, nunca hay que dejar a uno de los nuestros.
Luego de hablar a sus subordinados, Hans y su unidad se dirigieron hasta donde estaba el elevador, en el trayecto se toparon con la unidad del sargento Rudollf que sería el apoyo táctico en este ataque. En esos momentos la mente de Hans divagaba en los recuerdos de su amada Amasova, a quien no veía en más de un año luego de iniciada la operación Barbaroja. La idea de encontrase nuevamente con ella y de estar con verdaderos amigos es lo que le ayudaba a soportar el peso de esta difícil guerra, que amenazaba con tragarlos en sus fauces. Al llegar a lugar acordado montaron sus ametralladoras.
-Muy bien, coloquen esas ametralladoras de forma escalonada en el lado este de aquel edificio y dejen una acá abajo, nosotros avanzaremos, mientras la unidad del sargento Rudolf ataca por la parte este. Entonces cada quien a sus puestos y suerte, mucha suerte.
Los jóvenes soldados subieron entre montones de escombros, se disgregaron e iniciaron un duro ametrallamiento a una trinchera saliente de la zona del elevador, los rusos tomados por sorpresa cayeron ante el fuego alemán; luego de lanzar algunas granadas de gas, entraron a la trinchera de forma intercalada, a los heridos les quitaron las armas y los pusieron del lado menos vulnerable. Un grupo de soldados cubierto por el fuego de las MG34 entro a la planta baja del edificio.
-¡Señor!, el cabo Paul necesita ayuda en el primer piso -dijo un joven soldado algo cabizbajo- nos han cerrado el paso en el primer piso y no podemos avanzar-
- Muy bien diez hombres vendrán conmigo y traigan todas sus cargas de granadas listas y una MG34 -era obvio que no dejaría morir a Paul- tenemos que romper ese cerco a como de lugar, para darle tiempo a Paul de salir de allí-
Avanzando cubiertos por el fuego de todos sus hombres, los alemanes disparaban a cada ruso que se encontraban hasta llegar al segundo piso, de pronto unas granadas les cayeron en cima y apenas se pudieron poner a cubierto, pero, tres de ellos fueron alcanzados por la explosión, sin embargo los alemanes no perdieron el aplomo y sacando el Panzerschreck les regresaron el fuego abriendo un hueco en el segundo piso alcanzando en carne viva a los rusos.
El ruido de varios cañonazos y de sonidos de orugas metálicas, los interrumpió, los disparos se dirigían al tercer piso y pronto quedo demolido y con el la unidad rusa de ese piso, pero aún quedaba el resto de las unidades rusas del edificio contiguo.
El sargento Hans estaba confiado en llegar hasta donde se encontraba Paul, pero al subir al segundo piso encontró muertos a el y a sus hombres, en ese momento la metralla enemiga entro rugiendo en un hueco enorme del segundo piso y el y sus hombre se pusieron a cubierto, dos fueron alcanzados por la metralla y comprendió como murió Paul.
-No puede ser, esto no debió de haber pasado, según los informes de ayer ese edificio no tenía planta baja, ni primer piso, como es que esos malditos llegaron allí- dijo Hans muy enojado-
-¿Que hacemos señor?-
-¿Aún tenemos cargas de la MG42?- volteando hacia el soldado que traía el arma-
-No señor, Ron las traía y quedo debajo de esos escombros-
-¿Cuántas cargas del panzerschreck?
-dos -
-Perfecto, hay que hacerles creer que los atacaremos con la MG42, mientras tu avanzas con el a la ventana del lado derecho y nosotros nos ponemos a un lado del agujero para cubrir al que tendrá la ametralladora-
-Quien llevara la ametralladora-pregunto un soldado que no podía esconder su angustia-
-Se que es un trabajo difícil, por lo que yo la llevare- dijo Hans- solo cúbranme bien-
Los soldados tomaron sus posiciones y Hans se coloco al lado derecho del agujero y abrió fuego sobre el enemigo con la última carga que tenía, eso atrajo el fuego enemigo y entonces los soldados de atrás del agujero se asomaron y dispararon destrozando a los rusos que se asomaban por las ventanas del edificio de enfrente.
Dividieron el fuego entre la MG42 y los que estaban tras del agujero, ese movimiento fue aprovechado por los del Panzerschreck, que haciendo gala de su maestría en su uso, dispararon sin demora las dos cargas destruyendo el interior del cuarto y abriendo dos agujeros más, lo que dejo a los rusos con menos hombres y casi al descubierto, este era el momento esperado por los hombres de Hans que inmediatamente abrieron fuego y destrozaron al enemigo. Con eso quedo cerrada la resistencia rusa en la zona del elevador y los tanques se encargaron de demoler las posiciones de alrededor. El grano del elevador aún ardía y eso no permitía buena visibilidad, pero la tranquilidad de la victoria era reconfortante.
Más tarde ya en la tranquilidad de su interior, el sargento Hans escribiría en su diario:
“La batalla de hoy ha sido en verdad sangrienta y devastadora, no puedo creer la tenaz resistencia de los rusos, prefieren morir antes de ser capturados, en su dura resistencia se llevaron la vida de muchos de mis hombres, hoy perdimos a doce valiente jovenes y entre ellos a mi mejor amigo, Otto Klismark, que no debió morir, tenía tantas expectativas para el futuro... entre otras cosas el sargento Rudolf me contó que el sargento Nushke murió mientras cruzaba la calle de la zona del elevador, me da una profunda tristeza, tenía tres hijos... Luego de nuestra batalla, enterramos los cuerpos de nuestros compañeros caídos en la acción y nos retiramos más al sur, a montar guardia en una piltrafa de edificio, descansamos aquí, en espera de lo que sería la última maniobra para llegar hasta el embarcadero y terminar con las posiciones rusas de este lado de Stalingrado...”